Atacan convoy de alimentos en Haití
2 de febrero de 2010, 12:36 PM
PUERTO PRINCIPE (AP) - Una veintena de hombres armados bloquearon un camino y
trataron de secuestrar un cargamento de alimentos para las víctimas del
terremoto, pero fueron rechazados a tiros por la policía, dijeron funcionarios
de la ONU el martes.
El ataque al convoy que llevaba provisiones desde un aeropuerto en la ciudad
sureña de Jeremie puso de relieve una situación que las Naciones Unidas califica
de "potencialmente volátil" a medida que crece la impaciencia ante la lentitud
de la ayuda desde el terremoto del 12 de enero.
La mayoría de las víctimas del sismo siguen viviendo en sórdidas carpas
hechas con sábanas y palos y los socorristas reconocen que no han llevado
alimentos a la mayoría de los necesitados. En muchos campamentos se monta
guardia durante la noche para impedir los asaltos de gente en busca de
alimentos.
En el incidente del sábado pasado, unos 20 hombres atacaron un convoy que
transportaba alimentos desde el aeropuerto de Jeremie, pero huyeron ante los
disparos al aire de policías estadounidenses y haitianos y no hubo heridos, dijo
el vocero de la ONU Vicenzo Pugliese.
La policía haitiana ha acrecentado sus patrullas y acompaña a los policías de
la ONU que vigilan la distribución de alimentos.
"La situación general de seguridad en el país permanece estable, pero
potencialmente volátil", dijo la misión de la ONU en un comunicado el
martes.
En Jacmel, otra ciudad del sur, 33 presos prófugos fueron detenidos el
domingo, dijo la ONU. Muchos escaparon al derrumbarse las prisiones.
Mientras los haitianos aún lloran a familiares y amigos muertos, la furia por
la lentitud de la respuesta oficial al terremoto alimenta los rencores
políticos.
Un acto colectivo de recordación en torno de una fosa que sirvió de tumba
común para innumerables víctimas del terremoto se transformó en uno de los
primeros mítines políticos desde el desastre, para denunciar al presidente René
Preval.
Centenares de personas se congregaron el lunes en el acto y muchos reclamaron
el regreso del presidente depuesto Jean-Bertrand Aristide, una consigna política
habitual en Haití cuando la situación se torna de mala en peor.
"Preval no ha hecho nada por el país, nada por las víctimas", dijo Jean
Delcius, de 54 años, quien se trasladó a la ceremonia en un autobús contratado
por la fundación de Aristide. "Necesitamos que alguien nuevo se haga cargo. Si
no es Aristide, que sea alguien competente".
Los opositores ya culpaban a Preval por el desempleo, la corrupción y la
codicia rampante. Entonces se produjo el terremoto del 12 de enero que mató a
150.000 personas, arrasó la mayoría de los edificios de gobierno y transformó la
capital en un paisaje apocalíptico de trozos de cemento y hierros
retorcidos.
Desde entonces, Preval ha aparecido pocas veces en público y ha encomendado a
sus ministros que defiendan al gobierno, una tarea de la cual empiezan a
renegar.
Preguntada el lunes sobre las críticas a Preval, la ministra de
Comunicaciones Marie-Laurence Jocelin Lassegue rechazó responder, con aire
enfadado.
"Esas preguntas son para el presidente o el primer ministro", dijo Lassegue a
The Associated Press.
El gobierno de Haití también tuvo que afrontar el problema de los 10
estadounidenses que trataron de sacar del país un autobús cargado de niños
haitianos indocumentados. El primer ministro Max Bellerive dijo a la AP que "lo
que estaban haciendo estaba mal" y podrían ser acusados de algún delito en
Estados Unidos.
"Está claro que intentaban cruzar la frontera sin papeles. Ahora está claro
que los padres de algunos de los niños están vivos", dijo Bellerive. "Y está
claro que sabían que lo que hacían estaba mal".
Funcionarios diplomáticos se negaron a decir si Washington aceptaría ser sede
de procesos judiciales a los estadounidenses. El vocero del Departamento de
Estado, P.J. Crowley, dijo en Washington que el caso seguía en manos haitianas.
"Una vez que conozcamos los hechos, resolveremos el procedimiento apropiado,
pero el juicio corresponde al gobierno haitiano", aseguró.
Mientras tanto, el malestar con Preval sigue en aumento tres semanas después
del desastre.
"Vino el sábado y se fue", dijo Jude John Peter, de 23 años, en un campamento
frente a las ruinas del Palacio Nacional, donde unas 2.000 personas que viven en
carpas improvisadas con sábanas y palos se pelean por el agua potable y un solo
inodoro portátil. "Al principio no se lo veía y ahora se va cuando la situación
se recalienta".